Mi más sentido...
sábado, noviembre 10, 2007
lunes, agosto 20, 2007
sábado, agosto 04, 2007
Kamasutra Victoriano III
Garnier Hnos. Editorial 1879)
* A través de un pedido tácito del público que me llegó por vía telepática llega la tercera entrega luego de mucho tiempo. Próximamente Kamasutra Victoriano IV.
"Mi más sentido" a.K.a "Vengo de la calle" a.K.a "Pésame" no se hacen responsables de que dichos pedidos hayan tenido o no lugar. ADECUA no tiene alcance en este espacio.
domingo, abril 22, 2007
Kamasutra Victoriano II
Capítulo IV "De la Virginidad"

En el momento en que la joven que se daba por intacta entraba en el lecho en el cual iba a dejar de serlo, le medían el cuello con un hilo que se guardaba con sumo cuidado hasta el día siguiente: entonces se le volvía a medir con el mismo hilo, y si venía cabal, como la víspera, no se dudaba de que la pérdida de la virginidad era ya de larga fecha; pero si el hilo venía corto (prueba de que el cuello había aumentado de volúmen durante la noche), hasta los más incrédulos proclamaban la virginidad de la jóven.
Deponga, pues, el hombre las lastimosas preocupaciones que acerca de la virginidad física ha ido perpetuando hasta nuestros días la tradición vulgar;* y sepa la jóven núbil que en su educación, en sus antecedentes morales, en el aspecto general de su cuerpo, y sobre todo de su rostro, que es el espejo del alma, en cierto baniz virginal de su textura, en cierto candor, en cierto no sé qué difícil de explicar como fácil de distinguir, (...)
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lunes, abril 16, 2007
Kamasutra victoriano I
La virginidad (voz formada del latín vir, hombre, varón, derivado de vis, fuerza, vigor, cuya raíz es el griego is, inos, fibra, nervio) es el estado de la virgen, esto es, de la jóven púber que ha vivido en perfecta continencia, sin haber conocido varón. De ahí el haber llamado figuradamente virgen a todo lo que es puro, a todo lo que todavía no ha servido nunca; a lo intacto o que no ha sido tocado, examinado, pisado o cultivado, por nadie; a lo que no ha sido empleado en obra alguna, etc.
Raros son los pueblos, así antígüos como modernos, que no hayan mirado la virginidad como un estado de perfección, de virtud y de hermosura, digno de los más encumbrados elogios. La prostitución forzada de las vírgenes, o la estúpida indiferencia por la flor vaginal, es una excepción tan rara como monstruosa, que solo se ha encontrado en los pueblos más supersticionsos, feroces e incultos. En nuestros países civilizados, la virginidad, sobre todo cuando es física y moral a la vez, considérase como un tesoro de inestimable cuantía. De ahí los conatos que se han hecho, las supersticiones a que se ha apelado, para descubrirla y reconocerla; de ahí la infibulación, la sutura de la de la vulva, los cintos de castidada, o con candadao, y demás medios ridículos puestos en práctica para conservarla; y de ahí, en fín, las superticherías no pocas veces empleadas para simularla cuando se ha perdido. Pero a falta del candor virginal de la inocencia, el que va a ser esposo aspira menos a encontrar la integridad físical o material : ya que no sea fácil asegurarse de la virginidad, quóad animam, quiere la virginidad quóad corpus.
(continuará)
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