Mi más sentido...

sábado, noviembre 10, 2007

Kamasutra Victoriano V




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lunes, agosto 20, 2007

Kamasutra Victoriano IV



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sábado, agosto 04, 2007

Kamasutra Victoriano III




Capítulo III "De los órganos de la generación"
(extraído de La Higiene en el Matrimonio del Dr. Monlau,
Garnier Hnos. Editorial 1879)





* A través de un pedido tácito del público que me llegó por vía telepática llega la tercera entrega luego de mucho tiempo. Próximamente Kamasutra Victoriano IV.
"Mi más sentido" a.K.a "Vengo de la calle" a.K.a "Pésame" no se hacen responsables de que dichos pedidos hayan tenido o no lugar. ADECUA no tiene alcance en este espacio.

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domingo, abril 22, 2007

Kamasutra Victoriano II



Capítulo IV "De la Virginidad"

(extraído de La Higiene en el Matrimonio del Dr. Monlau, Garnier Hnos. Editorial 1879)


En el momento en que la joven que se daba por intacta entraba en el lecho en el cual iba a dejar de serlo, le medían el cuello con un hilo que se guardaba con sumo cuidado hasta el día siguiente: entonces se le volvía a medir con el mismo hilo, y si venía cabal, como la víspera, no se dudaba de que la pérdida de la virginidad era ya de larga fecha; pero si el hilo venía corto (prueba de que el cuello había aumentado de volúmen durante la noche), hasta los más incrédulos proclamaban la virginidad de la jóven.
Deponga, pues, el hombre las lastimosas preocupaciones que acerca de la virginidad física ha ido perpetuando hasta nuestros días la tradición vulgar;* y sepa la jóven núbil que en su educación, en sus antecedentes morales, en el aspecto general de su cuerpo, y sobre todo de su rostro, que es el espejo del alma, en cierto baniz virginal de su textura, en cierto candor, en cierto no sé qué difícil de explicar como fácil de distinguir, (...)
(...) La virginidad del varón no ha dado margen a tantas cavilosidades como la de la mujer. Las causas de esa particularidad podrán ser varias, pero entiendo que la principal se deduce del siguiente sentencioso concepto de un moralista anónimo: El hombre quisiera ser siempre el primer amor de su mujer, y la mujer se contentaría con ser el último amor de su marido.

Capítulo V "De la copulación"

(...) La voluntad humana es la que, mediante los enlaces anticipados, los vicios de la educación, la promiscuidad de los sexos, o sea su frecuente trato mutuo, los espectáculos más o menos livianos, las lecturas eróticas, los fuertes condimentos, el uso de bebidas fermentadas y destiladas, la debilitación de las creencias religiosas, la ignorancia de los preceptos de la higiene, y la relajación física y moral en todos conceptos, fue preparando, y ha consumado en gran parte (a lo menos en la raza europea), la fatal de abusar sistemáticamente del ejercicio de las funciones genésicas, de ensanchar desmedidamente el círculo de su duración, y de convertir en negocio de estéril placer la generación, que es un más santos misterios de la Natura providente.


(¿Continuará?...)


*Antiguamente, en el reino de Nápoles, y aun hoy día en varios pueblos incultos, se hacía pública exhibición de la ropa interior de la novia a la mañana siguiente a la noche de bodas.

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lunes, abril 16, 2007

Kamasutra victoriano I


Capítulo IV "De la Virginidad"

(extraído de La Higiene en el Matrimonio del Dr. Monlau, Garnier Hnos. Editorial 1879)

La virginidad (voz formada del latín vir, hombre, varón, derivado de vis, fuerza, vigor, cuya raíz es el griego is, inos, fibra, nervio) es el estado de la virgen, esto es, de la jóven púber que ha vivido en perfecta continencia, sin haber conocido varón. De ahí el haber llamado figuradamente virgen a todo lo que es puro, a todo lo que todavía no ha servido nunca; a lo intacto o que no ha sido tocado, examinado, pisado o cultivado, por nadie; a lo que no ha sido empleado en obra alguna, etc.
Raros son los pueblos, así antígüos como modernos, que no hayan mirado la virginidad como un estado de perfección, de virtud y de hermosura, digno de los más encumbrados elogios. La prostitución forzada de las vírgenes, o la estúpida indiferencia por la flor vaginal, es una excepción tan rara como monstruosa, que solo se ha encontrado en los pueblos más supersticionsos, feroces e incultos. En nuestros países civilizados, la virginidad, sobre todo cuando es física y moral a la vez, considérase como un tesoro de inestimable cuantía. De ahí los conatos que se han hecho, las supersticiones a que se ha apelado, para descubrirla y reconocerla; de ahí la infibulación, la sutura de la de la vulva, los cintos de castidada, o con candadao, y demás medios ridículos puestos en práctica para conservarla; y de ahí, en fín, las superticherías no pocas veces empleadas para simularla cuando se ha perdido. Pero a falta del candor virginal de la inocencia, el que va a ser esposo aspira menos a encontrar la integridad físical o material : ya que no sea fácil asegurarse de la virginidad, quóad animam, quiere la virginidad quóad corpus.

(continuará)


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